Cerrojazo a la central nuclear
      es una crónica sobre la acción ecologista para pedir el cierre de la central nuclear de Garoña publicada en GARA el 20 de septiembre de 1999.


      Cerrojazo a la central nuclear

      La siniestra mole de la central nuclear se recorta sobre la montaña. Ante ella, un modesto puente sobre el Ebro, un cordón de guardias civiles pertrechados con material antidisturbios y un candado tamaño mastodóntico que quiere simbolizar el cierre de esta polémica instalación. Esa era la estampa que a primeras horas de la tarde de ayer podía contemplarse a las puertas de Santa María de Garoña, al término de la nueva marcha contra la central nuclear convocada por la Coordinadora contra Garoña, que agrupa a numerosos grupos ecologistas y sociales de Euskal Herria, Castilla y La Rioja.

      Al otro lado del inmenso candado de goma-espuma, cientos de personas, jóvenes en su mayoría, festejaron con música, y cánticos el ficticio cerrojazo, disfrutaron por unos minutos de la alegría del ansiado cierre.

      Sin embargo, la ilusión duró poco. Concluida la lectura de un comunicado en el que, de nuevo irónicamente, se daba cuenta de la clausura oficial de la central nuclear, los manifestantes se dispersaron y allí quedó la polémica instalación, la segunda de este tipo más antigua del Estado ­con 28 años­ y la que acaba de recibir del Consejo de Seguridad Nuclear, dependiente del Gobierno español, la prórroga más larga jamás concedida a una central de su edad: 10 años más de funcionamiento.

      Los congregados se alejaron con una convicción expresada a gritos: "Esta central la vamos a cerrar". Eran alrededor de las 2 de la tarde y la Marcha contra Garoña concluyó sin más incidentes que los fuertes vientos y los ocasionales chaparrones.

      La movilización había comenzado dos horas antes, seis kilómetros más atrás, en el centro de Quintana Martín Galindez, la cabeza administrativa del burgalés valle de Tobalina, muy cercano al territorio alavés, en el que se asienta la central. La progresiva llegada de los militantes ecologistas desde diversos puntos de Euskal Herria, Castilla y La Rioja ­las banderas exhibidas evidenciaban las distintas procedencias­ estuvo acompañada de un no menos llamativo despliegue de efectivos de la Guardia Civil. Coches patrulla y agentes en las entradas del pueblo se encargaban de recordar a los conductores de los autobuses con matrículas de Araba, Bizkaia o Gipuzkoa que allí no podían estacionar "porque esto es Burgos". Poco antes del mediodía y ante lo desapacible del tiempo, guardias y manifestantes coincidían tomando un tentempié en el único bar abierto.

      La marcha echó a andar con la casi permanente compañía de un helicóptero policial. Tanto despliegue no se tradujo, sin embargo, en ningún tipo de incidente, aunque sí inspiró alguna rima: "La Guardia Civil, a Chernobyl". A lo largo del recorrido, los caminantes marcharon agrupados tras pancartas con los textos: "10 años más, no" y "Garoña, cierre ya", y corearon consignas como: "Tobalina sí, Garoña no", "Hoy pasivo, mañana radioactivo" o "Energía nuclear, terrorismo estatal". Todo ello convenientemente alternado con diversos cánticos, cuyos sones corrían a cargo de cuatro músicos ­caja, bombo, guitarra y bajo eléctricos­ que tocaron, y muy bien, en directo.

      "28 años de impacto y riesgo"

      Frente a la central, tras colocar el "cerrojazo", una vecina del valle leyó una "declaración del cierre de la central nuclear de Garoña", un escrito de denuncia de "28 años de impacto y riesgo nuclear" y de anuncio de que "no estamos dispuestos a esperar diez años más. No podemos esperar ni un día más, porque cada hora que pasa es un peligro añadido y mayor para nuestras vidas y nuestro entorno".

      En este comunicado no se dejaron de evidenciar los sucesivos y unánimes pronunciamientos institucionales por el cierre de la central; los de las Juntas Generales de Araba, el Parlamento de Nafarroa, el de La Rioja, las Cortes de Aragón, o los ayuntamientos de Gasteiz, Logroño, Haro, Bastida, Orduña o Miranda de Ebro, entre otros.

      Por contra, se criticó la postura del Gobierno español y de la Junta de Castilla-León "que no dudan en seguir invirtiendo fondos públicos para alimentar este negocio privado", y de "alcaldes y responsables municipales de estos hermosos valles, que mantienen su silencio cómplice a cambio de algunas migajas económicas". Y, unido inseparablemente al funcionamiento de la central, un motivo más de inquietud fue citado en esta declaración: los residuos nucleares y la necesidad de encontrar ubicación para un cementerio de chatarra radioactiva que nadie quiere tener cerca.

      "En nombre de la vida humana y la naturaleza, en nombre del sentido común y por el bien de la humanidad, queda clausurada esta central nuclear de Garoña", concluyó su lectura.

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